La generación de imágenes sexualizadas de compañeras y compañeros mediante aplicaciones accesibles desde el móvil se ha convertido en un fenómeno recurrente en centros educativos.
El primer error habitual es borrar. El segundo, difundir la imagen para pedir explicaciones. Ambos destruyen o amplían el daño.
La actuación correcta combina preservación técnica, comunicación con el centro y valoración jurídica del caso según la edad de los implicados.

